
La paz interior no la venden en los supermercados
ni estará jamás listada en las guias de compras
para cancelarse con tarjetas de crédito.
La paz interior anida en el propio corazón
arrullada a coro por el amor, la humildad,
el desapego y la oración.
La paz interior se mimetiza con lo despreciable.
Insobornable es y no jactanciosa, huye de lujos
y ostentaciones.
Es reflexiva sin atafagos, no se sonroja de su pudicia
y camina con pasos de anacoreta.
La paz interior tiene muy abiertos los ojos.
No se dopa con soporíferiferos y almacena paraguas
blancos para las negras noches de tormenta.
La paz interior es selectiva y triunfadora,
va calladamente moliendo lejanos horizontes
y diviniza para el hombre caminante
hasta un vaso de agua fresca.
La paz interior no tiene miedos, no es activa ni petulante.
Se vacía de ruidos, jactancias o recuerdos, codicias y oropeles,
para colmarse sólo de luces y silencios.
La paz interior no utiliza celulares, buscapersonas, aeromensajerías,
nexos continentales. No se protege con guardaespaldas, muros de hierro,
garitas vigiladas o sofisticados equipos de radar.
La paz interior no le teme a nadie, camina sin prisa, muy descalza.
duerme desnuda, sin pesadillas.
Psicólogos, psiquiatras, alarmas, recepcionistas o testaferros:
la paz interior no necesita…
...la paz interior vive muy serena y plácida.
Luis Fernando Betancourt S.




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